¿Qué es el Click Through Rate (CTR)?

El Click Through Rate (CTR) es un índice que representa el número de Suscriptores que hicieron click en uno o más de los links que aparecen en el Email, sobre el total de los Emails Entregados.

  1. Toma el número total de Emails Enviados y réstale el número de rebotados, incorrectos y repetidos. Por ejemplo, realizamos un envío a 1500 Suscriptores, de los cuales rebotan 120, 80 se detectan como incorrectos, mientras que 1300 son entregados.
  2. Calcula la cantidad de suscriptores que han hecho click en alguno de los enlaces disponibles. Siguiendo con el ejemplo anterior, 90 de los Emails Abiertos recibieron clicks en algún enlace.
  3. Divide el número de los Emails efectivamente Entregados por la cantidad deSuscriptores que realizaron clicks.
  4. Multiplica el resultado obtenido por 100, para calcular el porcentaje.

Ahora, veamos la fórmula:

CTR= (Suscriptores que hicieron click/Emails entregados) X 100

Ej: 90/1300 x 100 = 7%

ctor¿Y qué es el CTOR?

Una de las métricas más importantes es el cálculo del Click To Open Rate (CTOR). En este caso, se divide la cantidad de Suscriptores que hicieron click en alguno/s de los enlaces por la cantidad de Emails Abiertos, y se multiplica ese resultado por 100.

Este dato puede ayudar a evaluar la calidad del contenido y el nivel de engagement de los Suscriptores. Así, podrás optimizar el desempeño de tus campañas por ajustarte a las expectativas de tus Suscriptores.

CTOR= (Suscriptores que hicieron click / Aperturas) X 100

CTOR= (90/300) X 100 = 30%

vía FromDoppler

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The New Marketing & Sales Funnel

Buen post de Steve Patrizi, Head of Partner Marketing en Pinterest.

Steve Patrizi

I’ve spent the better part of my career in the B2B marketing world, and can say with a great deal of certainty that a major shift is underway creating a very different dynamic between marketing and sales.  Now, you might be thinking “oh great, another post about the new world of marketing, everything is social and digital and unicorns, your customers own your brand, etc. etc.” but bear with me.

Not long ago, there was a clear approach to the B2B sales funnel:  marketing was primarily responsible for filling the top of the funnel with leads, and the sales organization was responsible for pulling those leads through the middle and lower portions of the funnel and closing business. In theory it seems like a reasonable approach, but in reality it was flawed, and typically created a sizable rift between the marketing and sales organizations: sales was dissatisfied with the leads…

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Los sueños, la meca publicitaria del futuro

Luego de ver este capítulo donde Fry y Leela hablan sobre la publicidad en los sueños, descubrí una nota donde esto parecería no estar tan lejano gracias a la agencia BBDO.

Writing to sell (your writing) #copywriter

by Tom Albrighton: October 9, 2012
Posted in Blog, Copywriting Life, Freelancing

As soon as I wrote this facetious little tweet, I started asking myself whether it was true. Do we do just what the job calls for? Or is there an element of oiling the wheels by giving the client a little of what they fancy?

Copy, sir? Very good sir. And how would you like that done?

In principle, of course, there’s no distinction. Both client and copywriter are locked in on the target: benefit-stuffed, hard-selling, no-nonsense copy. But in practice, clients often want something more – or, perhaps, something less.

copywriter

For example, many companies have ideas about

themselves that they want to communicate. (I covered a few in my post on A

bout Us pages.) Things like culture, values and history are all arguably extraneous to th

e s

ell, but firms still like to see them in print. So it’s tempting to include them in order to get the

client on-side.

CD case

It’s a particlarly troubling issue for freelancers, wh

o must be their own creative director and account handler when they deal with clients direct.

The heart says ‘stick to your principles’, but

the head says ‘get it approved and invoice them’. Somehow, that internal dialogue has to be resolved into a professional persona that doesn’t come across as wildly inconsistent.

Being telepathic helps – or, failing that, drawi

ng on experience to get a sense of what people probably mean.

The demand for something ‘creative’, whic

h I personally dread, can mean anything from a head-spinningly radical concept (less like

ly) to a slight variation on what’s gone before (more likely).

In terms of tone of voice, I’ve often interpr

eted a request for informality too liberally, and ended up having to ‘re-formalise’ the text when the client baulked at my first draft.

Sadly for some, what works on an Innocent smoothie may not work elsewhere. And some clients just aren’t ready to display the vuln

erability that’s communicated by the simplest, barest language.

Advocates and mouthpieces

If you’re working with an agency, there may actually be a ‘suit’ acting as a go-between. Depending on their character and/or mood, they will function as an advocate for your creative strategy, devolve into a mouthpiece for the client’s wishes or (ideally) strike a constructive balance between the two.

Before you take their call, it helps to be clear on which elements of the copy are essential, which are optional and which are baubles intended purely to please the client.

And if you’re going to ask the account handler to back your creative judgement, it needs to be a battle worth fighting, not just an arbitrary point of principle.

So, how do you approach this issue? Do you go to the stake for what you believe, even if it alienates the client? Or are you happy to concede a few changes here and there if the general strategy remains intact?

Writing to sell (your writing)

La obsesión por la ‘monetización’

 24 SEP 2012 – 21:58 CET

Tener 950 millones de clientes que se pasan seis horas mensuales dentro de Facebook y no ganar el dinero suficiente (el que los inversores creen que debería tener) crea una obsesión por monetizar las visitas cuanto antes y como sea. El como sea implica pasar por encima de la intimidad de las personas.

Si en tecnología Estados Unidos ha arrasado a Europa y nos obliga a emplear sus sistemas operativos, sus buscadores, sus redes sociales, sin embargo en el derecho a la intimidad de las personas las leyes europeas son mucho más rígidas que en Estados Unidos, quizás por ello a Facebook le brotan los mayores disgustos en esta parte del Atlántico.

El viernes tuvo que anunciar que a partir del 15 de octubre dejaba de aplicar en el continente su aplicación automática de reconocimiento de caras. Irlanda y Noruega habían presentado quejas y, finalmente, amenazas de sanciones económicas si no ponían fin a ese automatismo de poner nombres a los rostros. Seguro que aún Facebook no ha entendido qué tiene de malo identificar rostros sin el consentimiento de la persona identificada.

Cada día se generan 3.200 millones de comentarios y de clics en el botón “me gusta”

Pero insistirá en esto o en algo parecido. Hay que monetizar los datos de esos 950 millones de consumidores que no consumen nada, que no pagan por nada en un sitio donde todo es presuntamente gratis. De algún sitio tiene que salir el negocio. De la publicidad se dice, pero no es la publicidad. Son los datos de las personas, sus comportamientos, sus movimientos, sus amistades y sus gustos. El aprovechamiento o la venta a terceros del data mining, la minería de datos.

Gracias a ella, el 90% de la publicidad en Facebook conecta adecuadamente con el público objetivo de la marca, según estudios de la misma red social cuando la media de acierto en la publicidad online en general es de apenas el 35%.

La publicidad insertada en la red social, según sus mismos datos, genera un reconocimiento de marca un 31% mayor que la publicidad online en general. El recuerdo de marca es un 98% mayor y el porcentaje de conversiones un 192% superior al de otras fórmulas publicitarias online.

Cada día se generan 3.200 millones de comentarios y de clics en el botón “me gusta”. Sin embargo, pese a tan fantásticas cifras, no es suficiente su monetización. Aún no saca todo el partido que se podría sacar a la intimidad de sus usuarios, puesta a prueba desde el primer día de Facebook (nacido como un libro online con las caras de las universitarias para votar por las más buenorras).

Desde su nacimiento ha jugado con el límite de la privacidad. Ya en 2007 la organización MoveOn.org cargó contra el programa de publicidad Beacon por considerarlo una violación de la intimidad.

Beacon formaba parte de la, entonces, “nueva estrategia de publicidad de Facebook social”, que consistía en transmitir información sobre la actividad en los sitios asociados de terceros a sus amigos.

Según MoveOn ese programa podría servir para revelar la lista de compras navideñas de un usuario o en exponer información sensible que podría poner a alguien en peligro.

Pero quizás, finalmente, la culpa no sea de Facebook sino de las personas, porque como dijo Eric Schmidt, presidente ejecutivo de Google: “Si tienes algo que no quieres que se sepa, quizás no deberías hacerlo”. O antes, Scott McNeally, fundador de Sun Microsystems: “La privacidad se ha acabado. It’s over”. El dinero está en vender la privacidad.

Fuente: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/09/24/actualidad/1348516712_757428.html